Vida simple

por jnavarretesanchez

He advertido una proliferación últimamente –supongo incrementado por la crisis–  de iniciativas incitándonos a vivir una vida simple. Una vida simple, pienso en ello y me imagino viviendo en el monte, pastoreando ovejas y hablando de vez en cuando con Dios.

Aun estando de acuerdo con estas iniciativas, con sus preceptos, por considerarlos lógicos y verdaderamente útiles, me es imposible evadir ciertas preguntas: ¿Tan complejas son nuestras vidas?, ¿podemos comparar la complejidad de nuestro día a día con el de James Bond, salvando al mundo, ya sea un segundo practicando el esgrima, otro esquiando, el tercero lanzándose en paracaídas?, ¿o el de un presidente de un país o gran empresa, tomando decisiones criticas, sopesando los distintos puntos de vista, pensando en el mejor resultado?. La realidad es que nuestras vidas siguen unos patrones básicos muy similares: Ir a trabajar, malgastar el dinero ganado en cosas que no necesitamos, pasar el tiempo libre en actividades triviales, chismorrear sobre el vecino, etc; para acabar, en algún momento, volviendo a trabajar. No puede surgir una vida compleja de una sucesión de actividades intrascendentes. Pero, ¿es la complejidad algo perjudicial?, ¿deberíamos alejarnos de actividades como: tocar un instrumento musical, la lectura de los grandes, la escritura, o cualquier actividad que empuje nuestros limites, sacándonos de la zona de confort, perfeccionando el arte, acabando después de cada practica más complejos de lo que empezamos?, ¿qué nos quedaría? La complejidad es lo que da sentido a la vida, sin ella queda el aburrimiento, todo hueco, sin alicientes nos movemos por inercia, como la oveja, empujada al andar por la de su izquierda y derecha, obedeciendo al rebaño.

“La vida es complicada” nos dicen; complicado no significa complejo, igual que simple no significa fácil. La vida, más que ser, a veces la percibimos, otras la hacemos complicada. Nos gustan las telenovelas, damos una importancia inexistente a pequeños acontecimientos que nada tienen de sorprendente. Si alguien dijo o hizo esto o aquello, en eso pasamos nuestras horas; si aumentamos el numero de actores, o lo intrincado del enredo, llega un momento en que nos puede parecer complicado; sin embargo, son las mismas tramas predecibles una y otra vez, repitiéndose sin cesar. Nacer para después morir, eso es lo único complicado que tiene la vida.

Vidas sencillas vividas por hombres complejos, ese sería el ideal. En su lugar tenemos vidas complicadas vividas por hombres simples.

Las iniciativas que comentaba al principio no suelen llegar tan lejos en términos filosóficos. Sus consejos suelen limitarse a la reducción de posesiones, consumo y horas de trabajo. Todo esto mezclado con un cambio de dieta y el cultivo de un pequeño huerto de jardín. Lo que, si le quitamos el aire new age, se llama anticonsumismo; pero claro, si le llamamos así puede que de anticonsumismo el receptor pase a anticapitalismo y después a comunismo y acabe llamándonos rojos hijos de puta e intente fusilarnos.

El ahorrar, ser autosuficientes, controlar nuestro consumo, nuestras posesiones, son medidas eficaces para protegernos contra distintas eventualidades: como un despido o una recesión económica. Pero si lo que buscamos es consejo sobre como vivir nuestra vida, como vivir una buena vida, la búsqueda no es puede quedar ahí; tiene que llegar obligatoriamente a la filosofía.

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